jueves, 17 de noviembre de 2016


Adam Smith
El liberalismo económico

"Todo individuo trata de emplear su capital de tal forma que su producto tenga el mayor valor posible. Generalmente no pretende promover el interés público ni sabe cuánto lo está fomentando. Lo único que busca es su propia seguridad, sólo su propio beneficio. Y al hacerlo, una mano invisible lo lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones. Cuando busca su propio interés, a menudo, promueve el de la sociedad más eficientemente que si realmente pretendiera promoverlo" (Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776).


Adam Smith es considerado el fundador del liberalismo económico. Con él comienza el período de los llamados economistas clásicos.


En contra de lo que defendían los mercantilistas, los liberales propugnaban la mínima intervención del Estado, ya que el mercado y su "mano invisible" son capaces de resolver las cuestiones básicas de toda economía. Existe un orden establecido gracias al juego de la oferta y la demanda.

En la obra La riqueza de las naciones, Adam Smith hablaba de "la mano invisible" refiriéndose a las leyes del mercado, basadas en el juego de la oferta y la demanda. Si muchas personas demandan un mismo producto, aumentarán sus ventas y su precio. Las empresas aprovecharán esta situación incrementando su producción. Éstas son las fuerzas que rigen el mundo económico y que a largo plazo equilibran la producción y el consumo.

Esta confianza en el mercado hace exigir al Estado «dejar hacer, dejar pasar» ("laissez faire, laissez passer"), es decir, reducir al mínimo su intervención.

La gran repercusión que tuvo esta obra en el pensamiento económico la convirtió en la referencia de las doctrinas liberales y justificación del auge del capitalismo, siendo el año de su publicación (1776) considerado como la fecha de nacimiento de la economía moderna.

Según Adam Smith, la persecución del propio interés económico de cada individuo aumenta la riqueza de la sociedad en su conjunto. Es decir, las interesadas decisiones económicas de los individuos conducían al aumento del bienestar de la sociedad, como si una "mano invisible" les guiara hacia ese fin. Por este motivo, recomendaba la no intervención del estado y la plena libertad del interés privado.

Las expresiones la "mano invisible" y "Laissez faire et laissez passer" representan los fundamentos ideológicos del liberalismo clásico.

A esta capacidad de autorregulación que el libre mercado tiene intrínseco, es a la que Adam Smith llamaba, de manera metafórica, la mano invisible. Según este economista, el libre juego de la Oferta y la Demanda es suficiente para la fijación de los precios y, con ello, alcanzar el equilibrio del mercado.

Son los precios y la rentabilidad de los bienes los que guían a los consumidores y productores en el mercado: si el precio de un bien lo hace rentable, estimulará su producción; en caso contrario, ésta se reducirá.

Pero para que esto ocurra, evidentemente, es necesario que exista libertad de actuación de los agentes económicos, con la nula o mínima intermediación del estado. Precisamente, esta idea principal de no injerencia del estado en los asuntos económicos, ya fue promulgada anteriormente con la expresión:

 "Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même"
«Dejad hacer, dejad pasar, el mundo va solo»

también popularizada por Adam Smith, aunque no se debe a él su autoría.

Para encontrar el origen de esta expresión tendríamos que remontarnos a la Francia del siglo XVIII, donde el economista Jean-Claude Marie Vincent de Gournay, defensor de la abolición de las restricciones a la industria y al comercio, resumió este pensamiento de no intervención del estado en los asuntos económicos con esta expresión que se convirtió en la clave de la historia del liberalismo económico.

Si te interesa este tema puedes ver los artículos completos en:




martes, 15 de noviembre de 2016

Variación anual del IPC de ctubre de 2016: 0,7%

La tasa anual del Índice de Precios de Consumo (IPC) general en el mes de octubre fue del 0,7%, cinco décimas mayor que la registrada el mes anterior (0,2%). La inflación suma así dos meses consecutivos en tasa positiva. En cuanto a la evolución mensual de la inflación, en octubre con respecto a septiembre la tasa de variación del IPC general fue del 1,1% (Cinco Días).

(Nota de prensa del INE)

El indicador adelantado del IPC sitúa su variación anual en el 0,7% en octubre, cinco décimas superior a la registrada en septiembre La tasa anual del indicador adelantado del IPCA es del 0,5% La inflación anual estimada del IPC en octubre de 2016 es del 0,7%, de acuerdo con el indicador adelantado elaborado por el INE.

Este indicador proporciona un avance del IPC que, en caso de confirmarse, supondría un aumento de cinco décimas en su tasa anual, ya que en el mes de septiembre esta variación fue del 0,2%.

Este incremento se explica, principalmente, por la subida de los precios de la electricidad y los carburantes (gasoil y gasolina), frente a la bajada que experimentaron en 2015.



El Índice de Precios de Consumo (IPC) es una medida estadística de la evolución del conjunto de precios de los bienes y servicios que consume la población residente en viviendas familiares en España (Ver el artículo "El IPC").



lunes, 14 de noviembre de 2016

Cómo analizar una inversión

Extracto de un artículo de economía de yirepa.es 



Cuando nos encontramos con la posibilidad de realizar una inversión, la primera exigencia que nos planteamos es, lógicamente, que el dinero que nos vaya a retornar sea superior al que desembolsamos.


Es decir, tenemos la necesidad de conocer la ganancia que va a generar la inversión.


La segunda exigencia: que el retorno de lo invertido suceda lo antes posible. Es decir, necesitamos averiguar cuánto tiempo vamos a tardar en recuperar el dinero desembolsado.

Todo ello nos dará a conocer la conveniencia de realizar o no dicha inversión. Pues bien, de eso se trata el Análisis de Proyectos de Inversiónde estudiar los datos referentes a una inversión con el objetivo de conocer su viabilidad económica.

Este estudio debe incorporar, además, una propuesta de acción para la puesta en marcha de la futura inversión, considerando su viabilidad a partir de unos recursos disponibles e incluir alternativas que permitan un uso adecuado de estos recursos incrementando y mejorando la ejecución de la inversión propuesta.


Para calcular la ganancia que nos va a reportar la inversión tendremos que empezar por fijar el importe de la inversión y predecir los beneficios que va a generar en los próximos años.


Observemos bien lo que hemos dicho:


  • Fijar el importe de la inversión; es decir, cuantificar nuestro desembolso inicial.
  • Predecir los beneficios; es decir, pronosticar los gastos e ingresos que va a generar.
  • Predecir el número de años que la inversión será capaz de generar ingresos.

Observemos que el único dato “real” con el que vamos a trabajar es el montante de nuestro desembolso. Todos los demás datos (gastos, ingresos y años de duración de la inversión), serán predicciones.


Por lo tanto, es muy importante recabar previamente todos los datos que nos ayuden a realizar estas previsiones: cifras históricas, estudio del mercado, análisis de la demanda, etc.

A mediados de los años 40 surgen nuevos métodos y técnicas para seleccionar los proyectos de inversión. Es en 1944 cuando el danés Erich Schneider, en su libro “Inversión e Interés” elabora la metodología para el Análisis de las Inversiones y establece los criterios para las decisiones financieras, poniendo de manifiesto una idea que hoy en día sigue vigente:


"Una inversión viene definida por su corriente de cobros y pagos".

Desde entonces, los diferentes criterios de valoración de inversiones se basan en la corriente de flujos monetarios que dichos proyectos prometen generar en el futuro. Observemos que hablamos de flujos monetarios; es decir, de cobros y pagos, no de ingresos y gastos.


En el análisis de proyectos de inversión se trabaja siempre con dinero líquido, considerando el flujo de dinero que entra (cobros) y el flujo de dinero que sale (pagos); es lo que se denominaFlujos netos de caja”.

Puede ver el monográfico completo en "Análisis de Proyectos de Inversión"





sábado, 12 de noviembre de 2016



La Mano invisible de la economía

Cómo funciona el mercado

Extracto de un artículo de economía de yirepa.es 


Si analizamos cómo funciona la economía de mercado podríamos llegar a asombrarnos. Observaríamos que la mayoría de los bienes son producidos por un gran número de productores en, aproximadamente, las mismas cantidades que un gran número de consumidores desean comprar, sin provocarse grandes excedentes ni grandes escaseces.

Además, también observaríamos que ante los cambios en ciertos factores, como la renta de los consumidores o los costes de fabricación, que harían cambiar las cantidades demandadas por los consumidores o las cantidades ofertadas por los productores, la producción, sin necesidad de coordinación consciente por parte de ninguna institución central, se ajusta por sí sola continuamente volviendo al equilibrio inicial. Es a lo que Adam Smith denominaba la "mano invisible" de la economía de mercado.

Efectivamente, el sistema de precios en una economía de mercado, permite que las decisiones de millones de productores y consumidores individuales se descentralicen y se coordinen sin que nadie tenga que intervenir.

Para entender bien este fenómeno se recomienda consultar el ejemplo que se expone en http://yirepa.es/el%20sistema%20de%20precios.html


viernes, 11 de noviembre de 2016




Diferencia entre inflación e IPC

Extracto de un artículo de economía de yirepa.es 


Es muy importante realizar una precisión sobre las semejanzas y diferencias entre inflación e IPC, ya que a menudo se suele cometer el error de confundirlos.

En primer lugar, señalar que la inflación es un fenómeno económico consistente en una subida generalizada y continuada de los precios de una economía, mientras que el IPC es el índice que intenta medir este fenómeno.

Y decimos que "intenta" medir porque, en realidad, el IPC no recoge la totalidad de los productos y servicios que se consumen en un país. Ésta es otra gran diferencia que existen entre inflación e IPC: la cantidad de productos que cada indicador toma en consideración para medir los incrementos en los precios.

Mientras que la inflación hace referencia a la subida generalizada de los precios de los bienes y servicios de una economía, el IPC sólo selecciona una muestra que considera representativa del consumo de una familia media (la cesta de la compra) dejando fuera, por ejemplo, los precios de los consumos intermedios empresariales y los de los productos exportados.

Es por ello, por lo que no podemos considerar el IPC como una medida absoluta de la inflación (sólo considera la variación de precios efectiva de las familias: la cesta de la compra).

Sin embargo, sí debe aceptarse que el IPC cuenta en su cálculo con una gran variedad de productos y servicios de diferentes sectores y que, por consiguiente, puede aproximarse a expresar una buena medida de la inflación. Por lo tanto, a pesar de estas limitaciones y la dificultad lógica de su cálculo, podemos considerar el IPC como un buen estimador de la inflación.

Ver el artículo completo en: http://yirepa.es/el%20ipc.html



jueves, 10 de noviembre de 2016

El papel del Estado en la economía

Dualismo Estado-Mercado. Los fallos del mercado

Extracto de un artículo de economía de yirepa.es 

Cuando el mercado funciona de forma eficiente, el Estado se limita a proporcionar un marco normativo que garantice los intercambios económicos entre oferentes y demandantes. Sin embargo, existen situaciones en las que concurren una serie de fallos de mercado que hacen a éste ineficaz para resolver los problemas económicos.

En estas circunstancias, se justifica la intervención del Estado por razones sociales y por razones de eficiencia.

Los liberales promovían la mínima intervención del Estado, ya que el mercado y su "mano invisible" (Adam Smith) eran capaces de resolver las cuestiones básicas de toda economía. Propugnaban que el libre juego de la Oferta y la Demanda era suficiente para la fijación de los precios y eliminar los desajustes hasta alcanzar el equilibrio.

Sin embargo, está constatado que existen ciertas situaciones en las que el mercado no es capaz de responder a estas preguntas básicas de la economía y que además, no siempre asegura que las decisiones tomadas desde el punto de vista particulares sean óptimas desde el punto de vista de la sociedad, conduciendo a ésta a situaciones críticas como las desigualdades sociales, la contaminación del medio ambiente o los abusos de las empresas (monopolios). Es lo que se denominan fallos o limitaciones del mercado.


Consultar el artículo completo
¿Cuáles son estos fallos del mercado?
¿Cómo interviene el Estado en la economía para minimizar estos fallos?
¿Cuánto debe intervenir el Estado en la economía?


¿Retorno al modelo keynesiano?

Extracto de un artículo de economía de yirepa.es

La actual situación económica mundial, causada por la crisis iniciada en 2007, nos obliga a mirar atrás para intentar descubrir las causas de otras crisis y los instrumentos económicos utilizados para solventarlas. Como señaló el profesor N. Gregory Mankiw en un artículo del New York Time:"Si tuviéramos que recurrir a un único economista para comprender los problemas que enfrenta la economía, indudablemente ese economista sería John Maynard Keynes".


En 2008, con el inicio de la actual crisis económica mundial, se crea un nuevo contexto de estanflación, en el que la situación de desempleo no coexiste con la de inflación, sino con una situación de deflación.


Efectivamente, en el escenario actual existe desempleo con deflación y, según Keynes, esto se debe a una escasez de demanda. Por lo tanto, tendremos que estimular la demanda global, ya que con ello se aumentará la producción y se creará empleo. Y por otra parte, el incremento de la demanda provocará una subida de precios, reduciendo así la deflación existente.


Por lo tanto, las medidas a poner en marcha se concretan en bajar los impuestos, los tipos de interés y los tipos de cambio y, por otra parte, incrementar el gasto público.

Sin embargo, en Europa los gobiernos se han dedicado a buscar nuevas ideas y fórmulas que no han hecho más que estrellarse una y otra vez contra los males de la crisis.

Paul Krugman, premio Nobel de economía, aunque cree en el papel que desempeñan los mercados, también considera que, en situaciones de crisis, hay que intervenir para evitar males mayores.

En un artículo publicado en El PaísPaul Krugman exponía, apoyando las ideas de Keynes, que recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación.

Sin embargo, políticos y legisladores actuales se han centrado más en los déficits que en la creación de puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más ("Keynes tenía razón". El País, 3 de enero de 2012).